LA COLUMNA DE LIVIA

Encabezan su causa las mujeres huastecas

Jornada Huasteca

Por Livia Díaz

Tantoyuca, Ver.-

Las mariposas, que fueron tres hermanas que ayudaron en la medida de sus posibilidades a la contra en una época de dictadura en República Dominicana, representan por su entrega de vida a los derechos humanos, lo que significa la fecha del Día de la no violencia contra las mujeres, por la erradicación de todo tipo de violencia de género, o de por sí, el que solamente por ser mujer, el mundo siga dividido en dos.

Es que en la esfera, aún vive la población femenina en la pobreza, solo una de cada tres es dueña de algo, ya que se toma por propiedad tener un documento de bienes, como un coche o una casa, pero quizá hasta esa cifra esté falseada, porque se sabe que muchos, ponen sus cosas a nombres de las mujeres en su vida, que puede ser la esposa, la madre o la hermana, solamente para aparentar menos riqueza, salvarse de impuestos o para pretender que ellas tienen algo, pero que luego, no dudan en quitárselo si así lo deciden.

Y tal como llegó  esa riqueza, para muchas mujeres se convierte en tierra que se les va por los hoyuelos de las manos, como arena seca cuando un día, frenéticos, ellos se van o meten a otra mujer a su casa, como ocurre para muchas mujeres huastecas.

Hace un par de años, una mujer Tének que no podía expresarse ni en su lengua, representada por su madre llegó ante el DIF para decir que su pareja metió a su casa a una mujer y pedir justicia, imposibilitados para decidir el cómo iba a seguir viviendo esta mujer, que rodeada de sus cuatro hijos caminaba descalza y semidesnuda hacia donde su madre le dijera, se arrinconó en una esquina del cuarto de adobe y otates, sobre las hojas de maíz con sus hijos en ese lugar, viviendo como animales, como testimoniara su madre. “A veces no le daban ni una tortilla.”

Pero para la madre las cosas eran distintas, siendo vocal de oportunidades y hablante de español y Tének, se abrió paso en la vida, dejando atrás a la hija cuya suerte tuvo que enfrentar, no sin intentar sacar provecho de la situación.

Al final, el juez dijo que el marido había de darle a la mujer 400 pesos al mes.

Volvió semanas después para decir que no había recibido un centavo, pero el juez ya era otro y el DIF de otra administración, y a la fecha ya no se sabe nada de ellas.

Deambulaba la mujer Tének, de piel casi transparente, de la que decía su madre estaba enferma de la sangre y aún estaba criando al bebé que cargaba en los brazos sobre una sábana blanca y al que apenas caminaba, mientras una niña de unos tres años, se esforzaba en controlar a otra de dos.

Pero el escenario descrito es común. Las mujeres huastecas viven en lo que llaman “ranchos”, o comunidades de las que según el INEGI hay 712 en Tantoyuca, que van desde un habitante hasta 3000. En estas comunidades hay bienes de uso común como las áreas comunes, canchas o plazas, si es ejido y es bienes comunales, en otras rancherías, si son condueñazgos, ya van siendo distintas las cosas porque todo el terreno pisado es privado. Muchos viven en esas comunidades de prestado porque no les pertenece terreno alguno, no son ejidatarios o no han regularizado esos bienes.

Para las mujeres las cosas se ponen más duras si además, el hombre de la casa migra por el trabajo, generalmente al norte, y las deja solas. Como sus acuerdos se hacen por trabajos como habitar un lote por hacerlo producir, por una renta, o por trabajos como limpieza, posteo, pastoreo, entre otros servicios, acaban haciéndolo ellas y sus hijos.

Si el hombre determina migrar con ellas y con sus hijos, pues en muchos jornales hay guardería, se va toda la familia, la que muchas veces, cuando regresa ya no tiene adonde vivir, pues vendieron su pedazo o lo prestaron y ese mudan a otro lado.

En las escuelas, como la Lázaro Cárdenas del Río en el ejido Rangel, en Tempoal, se han ido quedando sin niños porque al volver llegan a otra comunidad o regresan a esta comunidad después de uno o de dos años y cuando quieren estar en su propia tierra resulta que ya no hay escuela, que la cerraron por falta de niños y niñas, así que terminan por migrar otra vez para que los hijos puedan estudiar y si no pueden hacerlo, se van a asentar en donde pueden y los hijos continuarán trabajando o viajando largos trechos a estudiar en comunidades distantes, si es que lo siguen haciendo.

Cuando por la necesidad todo recae en las mujeres, la búsqueda de una solvencia las obliga a trabajar y al salir de la comunidad dejan los hijos solos, lo que deriva en otros problemas. La presidenta de la asociación civil Mujeres por el Desarrollo, Celia de Jesús Hernández, en varias ocasiones ha advertido que esto provoca desánimo en los hijos e hijas, vandalismo y otras conductas, lo que a la larga lejos de convertirse en una solución, termina en hechos lamentables.

Es una de tantas personas que se desespera por lo que sucede pero también por la actitud ante la propia realidad por las familias, la que considera que en algunos asuntos ya debería haberse superado en esta región, al menos al garantizar que la base social, permita que las cosas cambien para algunos integrantes como los estudiantes, quienes no encuentran trabajo acorde a sus estudios en esta región y por lo mismo, salen a otros estados, desintegrándose los lazos familiares muy rápido ya que dice que cuando vuelven, son otros y su forma de vivir también, terminándose las coincidencias y la armonía en el hogar materno.

Para la mujer el 2012 no pinta mejor. Hasta este 25 de noviembre seguía la seca, que según el Consejo Indígena Tének, ya acabó con dos cosechas este año; una por helada y la otra por plagas, así que sin suficiente maíz ni fríjol, la dependencia de la gente a los trabajos forzados por las circunstancias como la migración para jornales, la servidumbre y los programas sociales, será de mayor aplicación en búsqueda para la familia y conseguir los recursos suficientes para mantenerse vivos.

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