El Gobernador estaría enviando señales de que inició una nueva etapa

 Prosa aprisa


Arturo Reyes Isidoro

En medio de los días polémicos en que ha estado envuelto el gobernador Cuitláhuac García Jiménez en los dos meses pasados, parece estar enviando señales que pueden hacer pensar que ya se decidió a iniciar una nueva etapa en la vida pública de Veracruz.

En 8 de noviembre pasado ofreció que apoyaría la organización del Carnaval de Veracruz si no con dinero en efectivo sí con la difusión, las instalaciones y personal de seguridad y de protección civil.

El ofrecimiento lo hizo aún cuando no sabía quién presidiría el ayuntamiento, si el candidato de su partido o la del PAN. Esgrimió un buen argumento para hacerlo.

Explicó que con ello se buscaría generar derrama económica en la zona conurbada tras la parálisis que provocó la pandemia de Covid e incluso recomendó que después de los desfiles se presentaran espectáculos con artistas de renombre que obligaran a los turistas a quedarse varios días y generaran ingresos.

Dos meses después, ya con la expresidenta del DIF Municipal de Boca del Río y finalista del certamen de belleza “Chica E! México 2005”, Patricia Lobeira de Yunes como alcaldesa, del PAN, el mandatario está cumpliendo sin importar siglas ni colores partidistas.

En conferencia de prensa el lunes reveló que ya se habían reunido con la joven presidenta municipal los secretarios de Desarrollo Económico, Enrique Nachón, y de Turismo, Xóchitl Arbesú, para que se coordinaran en el afán de lograr todo el éxito posible.

“… vamos a llevar buena relación porque queremos coordinarnos bien. Con respecto al Carnaval, ella decide, es un evento del municipio y nosotros vamos a apoyar como lo hemos hecho año con año”.

Precisó que la suya será una relación de respeto e institucional con la joven panista, especialmente porque está iniciando su administración.

Excelente, digo. Alentador. Cuánto le haría bien, incluso, si el Domingo de Carnaval apareciera con Paty en la grada principal presidiendo el desfile y hasta exhibiera sus dotes de excelente (para qué negarlo) bailador de salsa al paso de los carros alegóricos con su música en vivo o grabada.

Creo que por ahora, su sola confirmación de apoyo a la autoridad municipal ha caído más que bien entre los empresarios hoteleros, restauranteros, prestadores de servicios y de los más diversos comercios y los trabajadores de todos esos ramos, quienes han padecido las consecuencias de los desencuentros, por no llamarles pleitos, entre los familiares de la alcaldesa, los Yunes Linares-Márquez, y él.

Esa debe ser su decisión correcta, la de llevar una buena relación institucional con todos los presidentes municipales del estado, incluyendo a los de la oposición, en lo que resta de su administración, casi toda la segunda mitad. Debe echar a la basura la lista negra del secretario de Gobierno para vetar a quienes quieren hacer valer su autonomía.

Ya había dado un paso adelante

En “Prosa aprisa” del viernes pasado pregunté: ¿Es que el gobernador Cuitláhuac García Jiménez ya decidió o intentará iniciar una nueva etapa en la vida política e institucional por lo que resta a su administración?

Agregué todo lo siguiente: 

“Es muy pronto para saberlo, pero posiblemente el miércoles pasado dio un pincelazo del nuevo escenario que podría adornar el fondo de sus actividades.

Ese día inauguró en Xalapa un taller de capacitación sobre planeación financiera para las administraciones municipales con un mensaje conciliador.

Luego de que durante casi todo diciembre y lo que va de enero la nota dominante de su gobierno fue su diferendo con el senador Ricardo Monreal, ahora llamó a ‘convivir de manera institucional’.

Expresó: ‘En la colaboración institucional no hay colores partidistas, atenderemos a todos de la misma manera, es para borrar el pasado donde existían preferencias’.

Pero, además… también manifestó: ‘tenemos tres años para convivir y de manera institucional estaremos con ustedes (los alcaldes), mirando hacia adelante en beneficio de todos’”.

Quién sabe si en ese discurso lo ayudó o se lo redactó el secretario de Finanzas José Luis Lima Franco quien fue el anfitrión de la reunión y quien convocó a todos sin discriminar a ninguno, como debía ser. 

Destaqué el hecho de que en primera fila estaba escuchándolo la joven alcaldesa Paty Lobeira de Yunes y recordé el enconado pleito que ha habido entre el grupo de su familia y el del gobernador, dos posturas aparentemente irreconciliables, y que no era ningún secreto que desde el palacio de gobierno intentaron por todos los medios que no llegara a la alcaldía, que casi lo lograron.

También mencioné que por su parte Paty publicó en su cuenta de las redes sociales que asistió por invitación del Gobierno del Estado y que: “Por el bien de nuestra ciudad y de los veracruzanos, seguiremos fomentando una relación institucional con todos los niveles e instancias de gobierno”.

Celebré: “Las palabras del gobernador y las de la alcaldesa hacen augurar una nueva etapa de relación institucional y de respeto entre el Gobierno el Estado y el Ayuntamiento de Veracruz, que si se confirma solo será para bien de ambas partes y, mejor, deseable, de los habitantes del puerto jarocho”.

Parece que ya se está en ese camino aunque hay que esperar un poco más para tener la certeza de que así es y así será.

Todavía tiene tiempo para recomponer su imagen

El gobernador está a tiempo de recomponer su imagen, si bien borrar algunos negativos será ya muy difícil, pero tiene todo para intentarlo y para lograrlo, todo se limita a, depende de su voluntad personal y política.

Le urge hacerlo porque ya atravesó el Ecuador de su periodo constitucional y está en la parte del descenso, cuando irá perdiendo interés entre los veracruzanos, entre el electorado, lo que haga o diga porque poco a poco le van a ir quitando los reflectores los aspirantes a sucederlo, que incluso ya lo empiezan a lograr.

Esa nueva actitud que anunció de buena relación con los alcaldes y de mirar hacia adelante la debe extender a todos los sectores productivos de Veracruz, a los partidos políticos, a la oposición en el Congreso, a los medios, a quienes hacen opinión.

Yo escucho todos los días que nadie quiere hacerle daño y que, por el contrario, todos desean ayudarlo pero se quejan que no busca acercamiento con ninguno y que “no se deja ayudar”.

Algo que creo necesario para que redondee una nueva etapa, de éxito para él, es que se sacuda la influencia y la sombra de quienes ya le han causado mucho daño con sus decisiones y con sus actuaciones: el secretario de Gobierno y la fiscal general del Estado.

Los veracruzanos hemos visto que o les tiene mucho aprecio o que hay un fuerte compromiso con los dos. Son insostenibles. Generan rechazo y con su acompañamiento se lo transmiten. Si tanto los quiere ayudar debiera inventarles cualquier cargo para que cobren, que los aleje, porque son un lastre para él.

Pero también debe hacerse acompañar por buenos asesores, expertos en operación política, quienes en su nombre inicialmente (luego entraría él) se sienten a dialogar y a negociar con el propósito de lograr un entendimiento que deje satisfechas a las partes con los senadores Ricardo Monreal y Dante Delgado, para que apaguen el fuego que mantienen vivo y al que le siguen echando gasolina, pero también con sus opositores políticos empezando por el diputado federal Sergio Gutiérrez Luna.

No alcanzo a imaginarme el impacto positivo que tendría una fotografía juntos. No creo que por reunirse claudicarían en sus valores, en sus principios, en lo que creen, en sus intereses, y en cambio enviarían una buena señal a la sociedad, que está cansada de disputas añejas y nuevas que impiden que se enfoquen en lo principal del servicio público: el bienestar y la seguridad de la población.

Alguien debiera intentar hacer algo porque Monreal regresó el domingo, estuvo en Pacho Viejo y anunció que “no habrá tregua”, y ayer Dante, al iniciar el segundo periodo del primer año legislativo del Senado, retomó el caso Veracruz, se lanzó de nuevo duro contra el gobernador y también advirtió que “no van a callar nuestras voces”.

La intención, pues, del gobernador anunciada por él mismo de llevar una buena relación con todos los alcaldes sin distinguir colores partidistas, en lo que augura una nueva etapa en la vida pública del estado, estará completa, será mejor si aparte de que se derogue la ley de ultrajes a la autoridad se pone en libertad a todo aquel que haya sido encarcelado injustamente. Solo eso devolverá la paz política y nos pondrá en un nuevo escenario, el que esperábamos con mucha esperanza cuando los actuales llegaron al poder. ¿Será mucho pedir si de por medio está el interés de Veracruz y de los veracruzanos?






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