PASO A PASITO LLEGARÉ

 

 

 

 

Gral. Brig. Ret. Pedro Sánchez Hernández

Una verdadera sopa

El tema que hoy me ocupa, requiere de una verdadera sopa para llegar a su explicación; ésta sopa me lleva de algunos actuales legisladores, a Jacobo Zabludovsky, del periodista, a un ministro plenipotenciario de los Estados Unidos en México; de ahí, a Justo Sierra, a Juárez, a Maximiliano y hasta la señora Angélica María que es quien canta la canción que me recuerda la acción permanente de la Iglesia Católica: paso a pasito llegaré.

Artículo 3/o Constitucional

Como sabemos, el artículo citado, establece las bases de la educación en México. En sus fracciones primera y segunda, se dice: “I.- Garantizada por el Artículo 24 la libertad de creencias, dicha educación será laica y, por tanto, se mantendrá por completo ajena a cualquier doctrina religiosa;

II.- El criterio que orientará a esa  educación se basará en los resultados del progreso científico, luchará contra la ignorancia y sus efectos, las servidumbres, los fanatismos y los prejuicios.”

Pues recientemente se analiza una propuesta en el Congreso que en su parte medular pretende que en las escuelas se imparta educación religiosa y moral. Dicha propuesta en apariencia es una ocurrencia pasajera que no debería preocupar a nadie; sin embargo en la realidad es muy preocupante pues está en plena marcha con una aparente complicidad de los medios que poco hablan del caso. Una de las pocas personas que han mencionado el asunto, es el señor Jacobo Zabludovzky, quien en su columna del periódico el Universal, del día 6 del actual, encabezó su artículo con una referencia a “Con la Iglesia hemos topado Sancho”; en dicho  artículo muestra su oposición a la propuesta de impartir educación religiosa en las escuelas; indica, que los promotores de  la propuesta, seguidos de su vocación religiosa, pretenden devolver a la Iglesia, el poder concentrado hasta antes de 1860; llama también a los promotores de la iniciativa, neocristeros.

Liberales contra Conservadores

La confrontación de las ideas de los dos grupos citados, tuvo su auge en México en el siglo XIX; al paso del tiempo la clasificación de estos grupos dejó de tener vigencia haciendo creer que desaparecieron ambos, sin embargo éstos han permanecido y continúan en lucha.

Sus diferencias son varias, pero sobresale su postura ante la fe y la ciencia. La primera, o sea la fe, surge del miedo a lo desconocido, del miedo al gran misterio de la vida y sobre todo al miedo a la muerte y por lo mismo, a la esperanza a una nueva vida después de esta.

La ciencia surge de la maravilla del cerebro humano; surge del constante razonamiento, surge al sobreponerse al miedo a lo desconocido y al resignarse a una muerte definitiva sin esperar un más allá.

¿Cuál de esas posturas se debe elegir, o cual es la correcta? Es difícil convencer en el sentido opuesto a unos y otros. Ambos tienen un sinfín de argumentos.

Algunas consideraciones nos podrán ayudar para hacernos a uno o a otro bando por así llamarles:

La fe

Supuestamente nos podrían asesorar en éste sentido los altos jerarcas de la Iglesia Católica y aquellos afortunados que alcanzaron licenciaturas, maestrías o doctorados en universidades de prestigio nacionales y extranjeras; sin embargo, de manera lamentable, las citadas fuentes dejan de ser confiables al traslucir que en su mayoría han sido rebasados por hacer de la fe un acto político, económico y de poder.

La ciencia

Usemos el razonamiento como único asesor para entender a los liberales en su inclinación por la ciencia, y en ese sentido es necesario remitirnos a la historia:

“Ecos de la Guerra entre México y los Estados Unidos” libro de Krystyna M. Libura, Luis Gerardo Morales Moreno y Jesús Velasco Márquez, nos relata un pasaje curioso donde un extranjero hace un retrato fiel de nosotros los mexicanos; lo curioso e interesante es que ese hecho ocurrido en 1829, tiene vigencia hasta hoy siglo XXI: Joel Robert Poinsett, Ministro Plenipotenciario de Estados Unidos en México de 1825 a 1830, rindió un largo informe a su Secretario  de Estado Martin van Buren. Cito una pequeña fracción del informe, que aplica al tema en cuestión: dice el ministro Poinsett refiriéndose a nosotros los mexicanos: “Su único mobiliario son unas cuantas esteras burdas donde comen y duermen; su comida consiste en maíz, chile y pulque; su ropaje es miserable, burdo y escaso. Y no es el salario ínfimo pagado por su trabajo lo que les impide llevar una vida más decorosa… sino el hecho de que apuestan o gastan su dinero en las celebraciones de la Iglesia Católica, en las que se mezclan de manera curiosa ritos paganos y cristianos. Estos males podrían ser mitigados, si no del todo subsanados, mediante la educación…” (Ojo, legisladores).

Justo Sierra, su obra en materia de educación, es enorme; entre otras cosas fue impulsor de la iniciativa que logró la creación de la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes, siendo nombrado su primer Secretario; en ese cargo, puso en práctica su proyecto de instaurar la instrucción primaria con carácter de nacional, integral, laica y gratuita.

En su libro “Juárez su Obra y su Tiempo”, nos dice Justo Sierra: “Juárez creía de su deber, deber de raza y de creencia, sacar a la familia indígena de su postración moral, la superstición; de la abyección religiosa, el fanatismo; de la abyección mental, la ignorancia; de la abyección fisiológica, el alcoholismo, a un estado mejor, aun cuando fuera lentamente mejor, y el principal instrumento de ésta regeneración, la escuela, fue su anhelo y su devoción; todo debía basarse allí. Un día,  dijo al autor de estas líneas, estudiante impaciente de la realización repentina de ideales y ensueños: “desearía que el protestantismo se mexicanizara conquistando a los indios; éstos necesitan una religión que les obligue a leer y no les obligue a gastar sus ahorros en cirios para los santos” Justo Sierra”.

Nos remontamos ahora al emperador Maximiliano de Habsburgo quien no obstante de haber llegado  a México por gestiones y promesas de parte del grupo Conservador, pronto entendió la situación dando pie a la siguiente narración que el mismo Justo Sierra apunta en su obra Juárez su Obra y su Tiempo: “El nuncio no entendía: los prelados mexicanos, menos aún. Intentaron disuadir al emperador del propósito de legislar en materias eclesiásticas, sin acuerdo con el Papa. Maximiliano les contestó en una nota amarga y resuelta. ¿Qué sabían los prelados de las necesidades espirituales de la nación? Ellos pasaban la vida conspirando o inactivos. Él acababa de ver lo que eran aquellos pueblos, abandonados de sus pastores, y sabía hasta que punto urgía atenderles. Por otra parte, que no se dijeran mansos de corazón. ¿Mansos,  ellos? ¡Ah!” “plugiera a Dios que así fuese. Pero, desgraciadamente, tenemos testimonios irrecusables, y en gran número, por cierto, que son una prueba bien triste, pero evidente, de que los dignatarios de la Iglesia se han lanzado a las revoluciones, y de que una parte considerable del Clero ha desplegado una resistencia obstinada y activa contra los poderes legítimos del Estado. Convenid mis estimados Obispos, en que la Iglesia Mexicana, por una lamentable fatalidad, se ha mezclado demasiado en la política y en los asuntos de los bienes temporales, olvidándose en esto y despreciando las verdaderas máximas del evangelio”.

¿Paso a pasito, o? ¡Paso atrás!

Con todo lo anterior, ¿hacia qué bando inclinarnos? ¿Ayudamos al Partido en el poder a seguir avanzando paso a pasito para devolver el poder arrancado al Clero hasta antes de 1860, o  nos alineamos con sus opositores?

Los promotores del paso a pasito, pretenden entre otras cosas, que en las escuelas se imparta la educación religiosa. Su contraparte, hay que recalcarlo, no está en contra de la Iglesia ni en contra de la religión, solo defiende la separación del Gobierno y el Clero, y con esto la permanencia de la educación laica, dejando intacto el derecho a profesar el culto religioso.

Los hechos nos demuestran que el pueblo requiere de educación para librarse del atraso, de la superstición, del fanatismo y en suma, de la ignorancia. Los promotores del paso a pasito pretender injertar en la educación escolar lo que produce el atraso, la superstición, el fanatismo y en suma, la ignorancia.

El Ministro Poinsett que en 1829 nos señaló como desobligados gastando en celebraciones religiosas por no tener educación, si volviera a la vida junto con el entonces Secretario de Estado, diría a éste: ¿Ya ve Mr. Van Buren a los mexicanos? ¡Se lo dije!

De manera que para tomar una decisión, después de haber visto un poco de historia, podemos imaginar a dos parejas de destacados mexicanos en un dialogo para fijar su postura ante la propuesta de  reformar la Constitución para impartir educación religiosa en las escuelas; por un lado tendríamos al ex presidente  Benito Juárez, intercambiando su opinión con Justo Sierra; por otro lado, tendríamos al ex presidente Fox intercambiando su opinión con su ex Secretario de Gobernación, el extinto José Carlos María Abascal Carranza. Usted valore, y decida a cual pareja apoyaría.

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