EL EMBROLLO DE LAS CUOTAS DE GÉNERO.

 

 

 

 

 

 

El embrollo en el que se metieron y nos metieron los partidos políticos en materia de equidad de género, se suma a la negativa de registro de candidaturas independientes y a las propias violaciones partidarias practicadas por su burocracia de partido. No es gratuito que más del 50% del electorado, sienta aversión por la partidocracia que impera en México, al considerar que los partidos políticos han secuestrado el ejercicio del poder, al margen de la ciudadanía.

Guillermo Basurto Origel            30/03/2012.

Desde principios de la década pasada, cuando inicia el movimiento denominado “empoderamiento de la mujer” y se realizan primero las reformas estatutarias en los partidos políticos y posteriormente en la legislación electoral federal y en los estados, se advertía de una contradicción entre la Democracia y las Cuotas de Género.

El principio de la democracia electoral, concebida como la facultad de los individuos de elegir libremente a sus representantes, se ve totalmente anulada por el principio de las cuotas de género, a la que los legisladores y partidos políticos han convertido en ley.

Sin pretender abundar en demasía, ante lo notorio y evidente, solo se hace referencia a la incongruencia de anular un proceso democrático de elección realizado por la militancia de  cualquier partido político, solo por haber elegido a un candidato varón. Llevando ésta lógica a sus extremos, también debería anularse las elecciones constitucionales, cuando los resultados no satisfagan las cuotas de género. (Se venden ideas perversas señores legisladores).

El embrollo en el que se metieron y nos metieron los partidos políticos en materia de equidad de género, se suma a la negativa de registro de candidaturas independientes y a las propias violaciones partidarias practicadas por su burocracia de partido. No es gratuito que más del 50% del electorado, sienta aversión por la partidocracia que impera en México, al considerar que los partidos políticos han secuestrado el ejercicio del poder, al margen de la ciudadanía.

En este proceso electoral federal, se tuvieron que anular al menos 120 candidaturas electas por los institutos políticos, en sus procesos electorales internos, tal vez también viciados al extremo, para que la burocracia de los partidos, designe a rajatabla a las mujeres candidatas que los sustituyan para cumplir con la cuota legal de mujeres candidatas.

La perversidad legal, por no llamarle con otro nombre, conlleva a prácticas aún mas ruines y agraviantes para el género que pretende defender. ¿Cuál podrá ser el criterio que aplican los partidos políticos, para bajar de la candidatura al varón y sustituirlo por una mujer?, lógico, en los distritos electorales que consideren perdidos de antemano. Jamás sustituirán un candidato hombre o mujer, que les garantice el triunfo electoral y la aportación sustanciosa de votos a sus candidatos presidenciales.

Sí, es verdad, las mujeres en los partidos políticos consiguieron la equidad para ser candidatas en los distritos o entidades con mayor probabilidad de fracaso. Las mandan a una guerra perdida con anticipación. ¿A esto se le llama empoderamiento de la mujer?, o se le pudiera llamar simple y llanamente “demagogia partidaria”.

Reconozco que el contenido de esta aportación pudiera causar prurito entre los defensores de la equidad de género, tachándome de misógino o machista. Nada más alejado de la verdad, cuando soy el primero en reconocer que el talento y la estupidez, se asignan con una verdadera equidad de género.

Los resultados electorales del presente proceso, señalarán si se cumplió con la cuota del 40% de mujeres en el poder.

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