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jueves, 15 de junio de 2017

EL SÍNDROME DE ADÁN...ARROGANCIA DE SOLEDADES COLECTIVAS

El síndrome de Adán… arrogancia de soledades colectivas
1/2                                                                                                                       Por Víctor Estupiñán Munguía
                                                                                                                            
“Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. …”
Génesis 2:18

Parecería que a Dios, con todo y ese  estatus se le “olvido” prever la posible soledad de Adán; pese a que este se encontraba en un ambiente pleno, de abundancia y armonía, es decir, de gloria y Edén. A pesar de que Adán no había conocido la compañía, aún así se encontraba solo según la percepción divina. Este dios judío, a diferencia de los dioses egipcios, griegos y romanos, entre otros, también ha acostumbrado a vivir solo; sin hermanos, ni nada, puesto que es el “Dios Padre”. En fin, extraña historia de la soledad y su origen divino.

Si a nuestra época la debiéramos de caracterizar, sin lugar a dudas sería bajo “El Síndrome de Adán”. Nuestra “civilización cuántica”, “interplanetaria”, “civilización de los androides”, de “máquinas inteligentes”, de “Facebook”, entre otros; se sigue caracterizando  y rigiéndose por la soledad. Dios con toda su antigüedad no ha podido expulsarla del mundo de Adán moderno, con todo y su posible “pareja salvadora”. Ambos son víctima de ella, verdadera “dama de compañía”, soledad histórica.

Han pasado muchos miles de años y, lo que fue una receta divina en contra de la soledad, aún no puede aliviarla del todo, incluso, se ha venido desmejorando históricamente hasta llegar a nuestros días. La humanidad entera seguimos siendo la legitimación arquetípica del “padre Adán” en su primer momento.

El poder mundial también se fundamenta en ella. ¿Qué haría sin la presencia de las compulsiones, depresiones y sentimientos provocados por la soledad que padece la humanidad?
¿Qué haría sin que el mundo estuviera constantemente consumiendo de todo, sobre todo alcohol, drogas y  “comida chatarras”?  ¿Qué haría sin las “damas de hierro”,  “Soy totalmente de hierro”, “Compro y luego existo”.

O, en su defecto, ¿Que Presidentes chatarras no tomaran una coca light diaria como Peña Nieto? Sin lugar a dudas que hacen falta investigaciones, explicando y caracterizando épocas históricas.

 La sangre de la soledad circula global y constantemente a través de las arterias de la posmodernidad. Las redes con hilos comunicantes de arterias y venas  entretejen, recogen,  circulan e, intercambian de día y de noche, las soledades modernas. No son soledades budistas ni prácticas de yoga, son soledades redondas circulando  por las carreteras internas del camino del Ser y, que se van estrechando hasta vaciarse por completo hacia “afuera”, en el ciberespacio, en la “nube”, depósito de sueños y cadáveres posmodernos.

La cultura de la soledad previamente nos ha estado asesinando. Nos ha mutado, nos ha venido devorado la humanidad y el derecho de sentirla morir. Vemos pero no miramos, escuchamos pero no oímos, comemos pero no paladeamos, tocamos pero no sentimos, olemos pero no recordamos, hablamos pero no precisamos, nos juntamos pero no acompañamos, trabajamos, pero no nos realizamos, dormimos pero no descansamos, abrazamos pero no protegemos, amamos pero no trascendemos, nos reproducimos pero no nos perpetuamos, rezamos pero no fervorizamos, vivimos pero ya no morimos…


“La soledad de uno”, “la soledad de dos”, “la soledad de grupo” o, “la soledad mundial”, son conceptos reales, prácticos; contrariamente a lo que pudiéramos pensar que son “soledades de realidades virtuales”.

Es este sentido, la soledad es parturienta, generadora de “convivios virtuales”, de felicidades y “amores en- redados”. De lo que se trata es de consumir soledades por todos lados, así nos convencemos que seguimos vivos, pero con alma virtual. Hoy, el que no vive en soledad, es señalado, tratado como fósil, un aferrado al imposible y muerto pasado. Una pérdida con cadáver neófito a cuestas.

Bajo el signo de la soledad es como nos reconocemos, es el moderno código perfecto de estar acompañado. Sólo basta ver los cafés, salas y “convivios”, donde todos están con sus máquinas de salvación: sus “trasportadores” de sus vitales soledades; remitiendo soledades disecadas o moribundas. Los grandes vacíos llenándose con compañías para compartir lo común: la soledad, misma que rasguña y devora por dentro del vacío.

Hemos domesticado a la soledad, la paseamos por todos lados. Vemos como los vecinos y nosotros mismos, sacamos a la soledad a pasear. La ventilamos bajo pretextos de los más cotidianos, allá va junto con la mascota, bajo pretexto de ser el mejor amigo del perro o, jactarse de “buen amo”.

 Antes que nada, nos hemos convertido en amigos íntimos de la soledad. Ya no se sabe si es el perro el que saca a pasear al amo o, es este al animal. Ambos han perdido identidad. Lo que sí nos queda claro es que es la soledad la que saca a los dos “a dar la vuelta”.

 La soledad los hace turistas de paseos por jardines, calles y países. Países y rincones de “las mil y una noches” e, infinitos oasis situacionales; pretendiendo así llenar esa soledad con mandíbulas de “levedad del Ser”.

No somos capaces de entablar vínculos profundos, humanos con nuestros semejantes; se nos ha mutado ese espacio privilegiado del cerebro e, intentamos hacerlo con las mascotas. Nos han colonizado de nueva cuenta.

Perros beneficiarios de la soledad que poseen recámaras, comen tocinos y muchos hasta vitaminas de toda clase, clubs para des estresarse sexualmente, internados, salas de belleza, hoteles de lujo, ya poseen panteones donde pueden ser cremados y, hasta contar con una lápida y un epitafio.  Si no son perros de la calle y que lleven una “vida de perro”, hasta pueden ser herederos de fabulosas fortunas como ocurre frecuentemente en ciertos países. Son ejemplos donde vemos que la soledad y el poder se recargan en cuatro patas y, una cola que se mueve como beneficiario legítimo.

Hoy como nunca las mascotas son privilegiadas. El auge a sus cuidados, proliferación de derechos animales, justicia para animales, clubs de protección, entre más; son buenos, sin embargo, el real trasfondo psicológico es la soledad. El hombre ensayando posibles tratamientos desde su subconsciente.

Cada vez depreciamos más al semejante pero adoramos al perro y al gato. Quizá estemos próximos a inventar una nueva zooreligión de salvación como vía rápida ante el fracaso de la religión de pederastas y otras, practicantes de sangrías del “diezmo sagrado”.

La confabulación sagrada se extiende por otros medios. En el mundo se han incrementado las horas de t. v., de “compu”, más tablets y, videojuegos, en proporción inversa de horas de real humanidad.  La mejor forma de evaluar el reinado de la soledad moderna, es viendo el auge de los eventos tumultuarios. Independientemente del aumento de la población, cada vez aumentan más los miles de asistentes a juegos de futbol, toros, conciertos, juegos olímpicos, torneos o, “nos hace falta ver más box”, lucha libre, entre muchos más. Así, entre más muchedumbres, más soledades arrinconadas. Las masas se reúnen para tratar de asfixiar y aplastar su soledad. Aniquilarla en plazas públicas, tiendas departamentales, gigantescos consorcios comerciales y más.  

Actualmente el vacío lo llenamos con “soledades chatarras”, con “comidas chatarras”, “platicas chatarras” y “vida chatarra”, esa es su ética.
La estructura de la soledad, el espacio de la soledad ha invadido el espacio vital del hombre. Los manuales de autoayuda, ni los padres nuestros y aves marías, han alcanzado para erradicarla y ventilar su hedionda posmodernidad.  
De animales sociales, pasamos a animales pos-gregarios, de “zoon politicón” a “zoon virtual”, a “colectivos en red” o, “miembros de plataformas”. Circulamos sin movernos, podemos construir sentidos en plataformas, círculos en red, tener presencia “por aquí y por allá”. Nos hemos puesto a la altura de los dioses; poseemos el poder de la omnipresencia.
Nos hemos apoderado de un gran poder de Dios, existimos en poli-vidas paralelas,  aunque sea en forma virtual porque en la realidad del poder no somos nada. Sólo cosas y, a veces mucho menos que ellas. Ahora, son las cosas y objetos las que nos dignifican mediante las marcas, nos hacen circular y nos agregan valor como seres vivos clasificándonos de primera, segunda, tercera, cuarta, etc.
Hoy ya no nos hierran con fierros calientes como se hacían con el ganado y esclavos; hoy  ya no es el cuerpo, no es la carne la que sufre al  ser chamuscada; ahora le toca a la mente-cerebro. Nos hierran ideológicamente mediante las marcas, somos sus esclavos y, le ofrendamos oro, incienso y mirra, bajo los alabes del dios posmoderno. 
Hay de soledades a soledades. Las de hoy, las posmodernas son desbastadoras, imagínense rodeados de miles de objeto más importantes que uno, llenando nuestros pensamientos las marcas y, la forma en cómo conseguirlas, para poder seguir disfrutando y no perder la membrecía de ser esclavos distinguidos.
Necesitamos recuperar nuestra existencia porque estamos ninguneados, despersonalizados, deshabitados de humanidad. El miedo a la soledad nos trasporta laberínticamente al umbral de sus mismas entrañas.  Hoy, el bien común es “estar en red”.

El mundo conceptual, la semántica también se ha repletado de soledad; puesto que  “Comunidades virtuales” implica estar sólo.   Tenemos una existencia siempre “viajando”, una personalidad artificial, una “identidad volátil”, una religiosidad  mundial, una forma nueva de persignarse y, ponerse en contacto con el nuevo dios renovado.

La soledad occidental marcha arrastrando su despojos de vacuidad  amenazando con arrasar también al oriente; destrozando monasterios y reductos de meditación y armonía entre lo humano y el alma.
 Los espacios sociales se encuentran repletos de vacíos llenos de compañías; posespantos, cuerpos  etéreos destilando distantes ausencias. Cada vez más el alma de nuestra presencia se encuentra enclaustrado en el cuerpo de las ausencias colectivas.

Actualmente la poslinguística nos da cuentas de que, ser “sociable” implica tener cientos o miles de “agregados” en facebook, linkedin, entre otros. Las tinieblas de la soledad moderna las combatimos con miles de veladoras con nombres de amigos. Parecería que entre más amigos tenemos agregados, mayor es la luz de las veladoras contra las temibles sombras de la soledad.

Ser amigo, (a-mí-go) “venir a mí”, también implica enviar saludos, mensajes y compartir momentos a distancia. Sin ver los ojos, sin ver la cara en forma integral, ni cuerpo ni posturas, ni ademanes en momento real; implica negar la naturaleza del mayor número de músculos que poseemos en el rostro.

Por ello, podemos percibir de que las nuevas generaciones son menos expresivas  ¿Para qué deben de ser, si la nueva comunicación cada vez involucra menos el rostro y la comunicación corporal, es decir, la humana? 

Comunicarse Implica hablar por horas y más horas de consumos, marcas, comidas deseadas, de momentos que recogen las miles de intrascendencias y, que por su uso reiterado, ya se consideran como cosas importantes. Como ejemplos: “Estoy pensando si ya me meto al baño o, hasta al rato”, “me dan ganas de ir a la tienda por unas papitas”. Pero debo de aclarar que no se trata de jovencitos, sino de adultos.

Con esto nos damos cuenta de la devaluación de la palabra, pero también del hombre, que hace uso del instante con mil lenguas de tiempo vacuo. Cada vez el hombre deshabita más su humanización, dirigiéndose estrepitosamente al capital de las máquinas. Cada vez somos más producto de las máquinas que ellas de nosotros y, la soledad el lubricante que aceita nuestra alma.

Estamos creando una “demovirtucracia”. Es decir, un sistema político planetario donde la soledad es consumo en sí misma o, “El medio es el mensaje”, al tiempo que se coloca como fin enmascarado y catastrófico y, no como medio.


* Víctor M. Estupiñán Munguía: Artesano de la palabra, escultor de ideas, danzante de emociones, arquitecto de sentimientos, pensador por distracción Cósmica, contador de estrellas por insomnio creativo, pintor de sueños por terapia humanista, especialista en transgredir las reglas ortográficas de la Real Academia Española, con neurosis cultural debido a que no puedo crear poemas que lleguen al corazón, víctima de la libertad, democracia y ecocidio del capitalismo bárbaro, pero con licencia de la Madre Naturaleza para cortar flores y olerlas.-  Miembro de S.I.P.E.A. (Sociedad Internacional de Poetas, Escritores y Artistas)- Sonora “Por la paz del mundo”           victor-79@live.com.mx

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