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martes, 27 de marzo de 2018

ALMA GRANDE
Escena de celos con empresarios
Por Ángel Álvaro Peña

PRI, PAN, MC, Verde, PANAL y PRD tienen un nuevo enemigo común:
los empresarios.
Muchos políticos en funciones le apostaron a la construcción del nuevo
aeropuerto como un gran negocio, disfrazado de una magna obra
que beneficiaría al país, pero en realidad beneficia a unos cuantos.
El primero en reaccionar ante la posibilidad de que el proyecto fuera
a ser revisado y, muy probablemente, transparentado, fue Ricardo Anaya,
candidato del PAN, quien aseguró que el sector empresarial no tiene
la facultad de decidir si la obra del Nuevo Aeropuerto Internacional de México
continúa o no, luego de que Andrés Manuel López Obrador pactó una mesa
técnica con el sector empresarial y representantes del gobierno federal,
para analizar la viabilidad de la obra.
Por su parte, José Antonio Meade, candidato del PRI a la
Presidencia de la República, criticó el pacto de López Obrador
 de debatir con empresarios la continuidad del Nuevo aeropuerto y
advirtió que no debe ser en mesas de diálogo que se decida el futuro
de este proyecto. Y añadió que a pesar de que se le ha notificado
sobre este diálogo, la propuesta no comulga con su ideología ni la
opinión del partido.
Consideró que la advertencia de Andrés Manuel López Obrador
de interponer amparos para impedir que se signen nuevos contratos
para el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México
es un contrasentido absurdo que atenta contra la seguridad política,
y resaltó que el candidato de la coalición Juntos Haremos Historia
no llegará a ningún lado ni en la batalla legal ni en la elección.
Es decir, Meade se toma atribuciones de las que carece y su crítica
es la de un hombre de gobierno y no la de un candidato.
Lo cierto es que ante la posibilidad de que López Obrador
tenga ahora un encuentro con los empresarios los priistas y los panistas,
se quedan sin su mina de oro.
Porque los empresarios en México están cansados de tanto burocratismo,
de que se les condicione el crecimiento personal, de que se les impida
expandirse, de que se les imponga una competencia extranjera.
Los empresarios mexicanos están cansados de un régimen político
que los utiliza, a quienes se les obliga a tener como socios a funcionarios
públicos por el solo hecho de aprobar una obra o palomear un permiso.
Hay honestidad en los empresarios mexicanos, muchos de ellos
afectados por la política de un gobierno cada vez más autoritario,
que cobra por todo a un empresariado que se abre ahora a las propuestas
políticas de nuevas opciones de gobierno.
Ricardo Anaya aseguró que “No es facultad de un organismo
empresarial decidir si la obra continúa o no. En caso de que yo
sea presidente, por supuesto que la obra va a continuar”, lo peor de
todo es que lo dijo en el Club de Rotarios, donde calificó
de “disparate” dar marcha atrás a la obra, como lo ha propuesto
López Obrador.
“El aeropuerto tiene ya una inversión realizada, son recursos públicos,
porque es un inmueble que se necesita para el desarrollo del país, lo cierto,
y también lo sostengo, tenemos que garantizar que esa obra pública
se realice con los más estrictos estándares de transparencia a nivel
internacional”, expresó Anaya.
Aquí Anaya y Meade no se dan cuenta de la capacidad de
negociación de López Obrador. Los ciega la desesperación de
perder la obra. No se han dado cuenta que López Obrador pasó
de una postura a otra. Primero dijo que cancelaría el proyecto de
ganar las elecciones, después acordó con el presidente del
Consejo Coordinador Empresarial, Juan Pablo Castañón,
revisar los contratos y darle transparencia al proyecto desde su inicio.
Todo indica que los accidentes pueden ser continuos ante un
subsuelo que todavía no terminan de rellenar y que parece barril
sin fondo a la hora de tapar con diferentes materiales que van desde
arena hasta basura y escombros.
En octubre del año pasado, el diputado
presidente de la Comisión Especial de Seguimiento
a la Construcción, Rafael Hernández Soriano del PRD,
informó que para compactar el terreno será necesario
extraer de ocho a diez millones de metros cúbicos
de lodo del ex vaso del Lago de Texcoco, sitio donde se
está edificando el aeropuerto.
El diputado perredista hizo un llamado a que participe la
sociedad civil organizada y el sector empresarial para que las
decisiones dejen de tomarse “sobre la marcha”.
Esto quiere decir que lo que llaman Meade y Anaya no
es una intromisión del Consejo Coordinador Empresarial
sino un derecho de todos los sectores de la población.
Al prohibir a los empresarios que investiguen y opinen sobre
una obra pública solo se demuestra que la democracia,
la libertad de expresión, el libre pensamiento no son temas que
manejen ni Meade ni Anaya.
Por si fuera poco, la construcción de un aeropuerto en ese lugar
no es factible mientras no se descubra en su totalidad la zona
arqueología que yace en esos terrenos.
En noviembre pasado, se descubrieron vestigios
arqueológicos de la civilización mexica, con al menos
 mil 800 años de antigüedad, dentro del predio donde
se construye el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad
de México por lo que diputados federales hacen un llamado
para que este patrimonio nacional sea protegido y preservado.
Los hallazgos revelan la ocupación del área durante la época
prehispánica 
y, de acuerdo con las coordenadas proporcionadas por
el INAH, 22 de esos sitios se ubican en Atenco y seis en Texcoco,
dentro del perímetro del NAIM.
Lo que les interesa a los defensores a ultranza del nuevo
aeropuerto es el negocio de unos pocos en beneficio
de otros pocos, porque no será una obra para las mayorías
sino para una élite que encontrará que viajar en avión aumentará
de precio en más de un 100 por ciento.
En el caso del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México hay
muchos intereses, cada vez más evidentes que no niegan sus
intenciones de hacer grandes negocios. Por ejemplo,
con el nuevo aeropuerto el viaje en avión será propio de élites.
En esta condición los priistas, panistas y perredistas ven
perdido el negocio, pero también ideológicamente vislumbran
una derrota en esta batalla electoral.
Si López Obrador es visto con buenos ojos por los empresarios
mexicanos quiere decir que eso de parecerse a Hugo Chávez
y de que México vaya camino hacia la actual situación de
Venezuela, solo ocurre en la imaginación de priistas, panistas y perredistas.
Lo demás no tienen voz en las expresiones políticas de
la actual contienda electoral. PEGA Y CORRE. - La violencia sigue
apoderándose de la entidad veracruzana, este fin de semana, 
arrojó un saldo de 15 personas asesinadas.
Entre los casos, se encuentra el del Subdelegado de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado
, Gregorio Agustín Cruz. Pero eso sí quieren continuar en el poder
como si se tratara de una dinastía…
 Esta columna se publica los lunes, miércoles y viernes.…

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