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jueves, 29 de junio de 2017

LA MAGIA DE LOS NOMBRES, LAS TRES MARÍAS, HISTORIA DE FAMILIA



La magia de los nombres
Las tres marías, historia de familia
                                                                                  Por Víctor Estupiñán Munguía*

“Ser creado significa haber sido llamado por su nombre”
Alejandro Dumas

Cada familia posee un historial nominativo, mismo que es un dispositivo mágicopsicológico. Sin embargo, esta condición se ignora por las mayorías de las gentes. Ya que los nombres conllevan acciones, pasiones, conductas, órdenes, sentimientos, en fin, consignas (con-signos), que buscan concretizar y negocian destinos.
 Los nombres dados a los integrantes de dicha familia y a sus hijos responde a una serie de eventualidades que es difícil rastrear, debido a que se necesitan conocer una serie de hechos familiares importantes, mismos que ponderan la razón de ser de haberse escogido tales nombres.
Sin embargo, dichos hechos son considerados casi intrascendentes por los miembros de la familia. Cayendo en el error de creer que el de escoger un nombre se hace mediante la más absoluta libertad. Cada nombre se encuentra ponderado por hechos transgeneracionales o familiares, a veces traumáticos, complejos, tristes, de gloria y alegría, de esperanzas, entre otros. Es decir, de esencia de vida misma.
Por ejemplo, en mi familia se “dio” un hecho muy particular; dos tías, hermanas de mi madre se llamaban: la mayor, María Dolores, la otra, María Consuelo y mi madre se llamaba María Eva. Sin embargo, generalmente nunca se les llamó así, debido a que les daba pena. Sólo Dolores, Consuelo y Eva. Es decir, por su segundo nombre.
La verdad es que nunca escuché que les llamaran así. Sólo una comadre de mi madre le llamaba María Eva; incluso, cuando me enteré ya de adulto y, ellas casi al final de su existencia, investigué tal hecho con la sorpresa de que era cierto. No tenían acta de nacimiento, la habían extraviado.
Ahora bien, lo primero que salta a la vista es la obsesión por señalizar el vínculo religioso. La afiliación a la orden Mariana es inconfundible. El delirio “María” se vuelve patológica. No bastó el nombre de una o, de dos, sino que se les puso a las tres. ¿Qué hubiera ocurrido si hubieran sido 6 hermanas?

Lo más seguro es que mi abuela materna de nombre Etinia, haya sufrido una gran pérdida que le obligó a refugiarse psicológicamente en la estructura narrativa de la sufrida de María, la madre de Jesús. O, en su defecto les puso así, para hacer énfasis de la pureza y abnegación como mujeres para que en el futuro fueran buenas  esposas y madres, según aquellos tiempos. Una especie de consigna o, bendición desde la tradición católica.

Pero por otro lado detectamos una puesta en escena con continuación narrativa un tanto oculta. Es decir, si nos fijamos en los nombres es obvio que la constante es “María” y, Dolores, Consuelo y Eva, las variables.

Precisamente, en la continuación de los segundos nombres es que contienen una narrativa nominativa continuada.

Así tenemos que Dolores, hace referencia a un dolor, en este caso se refiere a la virgen María por la pérdida de su hijo en la cruz; luego, Consuelo, es lo que se pretende lograr ante el gran dolor antes narrado y, por último, otra vez el inicio, la génesis, la nueva oportunidad de la creación. Con Eva, el círculo empieza de nueva cuenta.

Además, poseen inserciones o cripto-mensajes dentro del nombre como por ejemplo: D-olores; Con-suelo y, Eva al revés dice “ave”; la cual también tienen que ver con María (Ave María).

Así, las consignas son: la primera con Dolores y olores; la segunda Con- suelo, es decir, pisar firme, poner o tener los pies en el suelo, recuperarse a pesar de todo y, la tercera, ave, tener alas, recuperar el vuelo.

La verdad es que nunca supe si mi abuela había sufrido una gran pérdida por algún hijo suyo, ya que murió al mes de nacida mi madre que era la más chica. Dejando huérfanas de 7 años a Dolores que era la mayor y, de tan sólo un mes a mí madre, por lo que fue imposible que mi madre la haya conocido.

Esa gran ausencia, lo más probable es que haya provocado que mi madre a mi hermano varón mayor le haya puesto Héctor  René (el tercero en orden de nacimientos). Héctor, significa “poseedor”, recordemos la Guerra de Troya y de su arquetipo caído y, René que significa “renacer”, “volver a nacer”. Generalmente desde el principio se le llamó más por René.

Es decir, que sus pulsiones la hayan determinado a signar su deseo en el inconsciente, independientemente de que haya sido hombre. Con ello se nota el afán de mi madre de querer recuperar una doble pérdida; la de su mamá y la de su papá el cual se volvió a casar.

 Debemos recordar que  la memoria se encuentra incluso en las células, todo se encuentra inscrito en el Inconsciente de cada uno de nosotros. Este hermano, a la fecha casi cumple 80 años y todavía se para de cabeza y, así como su ingreso al yoga desde hace casi dos décadas y su filosofía naturista, confirma su constante nacimiento, su constante renovación, que se aferra al envejecimiento.

Notándose un avance en la “conciencia personal”, la cual siempre fue con un ego muy acentuado, sin embargo, a la fecha se le nota un desarrollo pasando a la “conciencia social”, así mismo, a la “conciencia universal”, lo cual me da mucho gusto.

En cambio, a mi hermana mayor (la primera en orden de nacimientos), le pusieron “Norma Delma”, es decir, por asociación semántica “Norma Del Alma” o, “Norma Del mar”; en ambos casos conlleva una norma, una ordenanza, una ley. Pero también una (h) orma, es decir, un molde, una facultad para moldear.

Incluso, cuando mi padre se encontraba gravemente en agonía, solicitó hablar con mi hermana y, le pidió que le prometiera que se haría cargo de nosotros y, así lo hizo, cumpliendo cabalmente. Haciendo honor a su nombre y a su calidad de gran hermana-padre. 

En su defecto, quizá mi padre esperaba que fuera un varón, ya que por tradición de miles de años producto de una cultura patriarcal se desea que así sea y, al nacer mujer se optó por dicho nombre para potencializarla e, investirla con poder de mando. Como quien dice, se le invistió de mando, de una herramienta encarnada en su nombre. Y, Delma (del mar), debido a que como fue la primera, selló el amor con algo profundo y perenne como el mar; a veces agitado, otras tranquilo, como los vaivenes del amor.

La verdad es que mi hermana asumió el mando en todos los sentidos después de la muerte de mi padre, incluso, antes de ello; pero se intensificó a su partida. Su rol fue de proveedora, moral, educativa, emotiva, entre más. Como quien dice es nuestro segundo padre.

En cambio la segunda hermana se llama “Susana”, que significa “azucena”. Sin embargo, si nos adentramos más, comprobaremos que existe un significado un tanto camuflajeado, un meta mensaje.

Dicho así: Si separamos la primera silaba de “Susana”, nos queda como “su sana”; a la cual le decimos también “Susanita”= su sanita.
Además, posee el don de aliviar a ciertos enfermos mentales cuando interactúa con ellos.

Como podemos darnos cuenta, en dicho nombre carga un deseo o una afirmación: la de la sanidad. Mi hermana Susana se ha enfrentado varias veces a la muerte, sin embargo, el hecho más sorprendente fue hace apenas unos años en que se le detectó un gran tumor en los riñones y se le operó bajo gran riesgo. Ya que se encontraba el tumor encarnado en la arteria que pasa por el riñón y, como había de suponerse, al separarse se desangró por la gran presión que tiene.

Hasta la fecha varios doctores no saben que sucedió, cómo pudo sobrevivir,  pues prácticamente se quedó sin sangre durante un tiempo suficiente para que cualquier otro hubiera muerto. Le tuvieron que aplicar bastantes unidades de sangre.
¿Pero de dónde proviene dicho temor y su correspondiente afirmación constante de su “sanita”?

Lo anterior, sobre el antecedente de que mi primera hermana “Norma Delma”, nació muy delicado y con muy poco peso. De por sí todos de la familia somos bajitos. Ella más, pero eso sí, con un gran corazón  que llega al cielo.

Contaba mi madre y mi tía “Dolores”, que había nacido antes de tiempo y que cabía en una cajita. Es decir, se logró de milagro, por lo que inconscientemente a la segunda se le puso el nombre de “Susana”, igual que a mi abuela paterna; a la que posiblemente su nacimiento y su nombre también se encontraban ponderado por algún hecho muy similar, que ignoramos.

Otra hermana es Migdalia, que es un derivado de Miguelina, es decir, es el femenino de Miguel.

“El tata Miguel” y su esposa “Nana Lola”, se hicieron  cargo de las tres Marías y de Manuel, desde chicos. Este nombre seguramente fue escogido debido a la gratitud de mi madre para con el buen señor “Tata Miguel”, el cual fungió como un padre y abuelo al mismo tiempo.

Mi hermana Migdalia también su nombre porta el de “dalia”, que significa flor  de hojas opuestas, con abundantes pétalos  y colores vistosos y corola grande. La verdad es que así es su carácter y su personalidad.

Jorge Alfredo, es el otro hermano antes que yo. Se puso el nombre de mi padre a pesar de que no fue el primer hombre en nacer, que generalmente es el que se acostumbra que lleve el nombre del padre.

Existe un hecho importante, en esos años 1956 mi padre anduvo en los EEUU, a causa del programa de braceros por causa de la guerra contra Corea y, su nacimiento se encuentra ponderado por la melancolía y la sensibilidad de esos momentos previos de partida, ausencia y presencia por medio de cartas.

El otro nombre seguramente fue sugerido por la fuerte presencia del ídolo de la canción ranchera de aquel momento el cual se encontraba en su apogeo en la época de oro tanto del cine como de la canción nacional.

Pues el nombre de mi hermano Jorge que significa “El que trabaja la tierra” y, Alfredo,  “Muy pacífico”. Por cierto, mi padre Jorge, fue campesino, contaba con su parcela.

Mi hermano se vio varias veces en la “orillita de la muerte”; ya que nació con una bola, una especie de tumor por fuera de su cabeza; la cual se le tuvo que retirar en aquella época y en aquel pueblo en condiciones muy elementales de  medicina y, que lo mantuvo alrededor de casi año y medio entre la vida y la muerte. El mismo doctor decía que si se lograba iba a ser un milagro. Lo velaban de día y de noche.

Escuché decir  varias veces que si no hubiera sido por el eminente Dr. Raúl Terán, no se hubiera salvado; para que le pudiera cicatrizar se le curaba seguidamente y, cuyas gasas se le retiraban empapadas de sangre.   

Por último, mi nombre es Víctor Manuel; antes que nada, debo de mencionar que escuché que mi madre me quería abortar; seguramente ante el gran problema de ver a mi hermano sufrir tanto y, debatirse entre la vida y la muerte; sufriendo él y sufriendo mi madre y, toda la familia en medio de la pobreza.

Además, no es para menos pensar en dicha solución ante el temor de una repetición semejante o, incluso, peor.  Me imagino cómo se aterrorizó al pensar que mi hermano se pudiera morir o, que quedara muy mal y, que además saliera yo con algún problema grave y, que al final de cuentas también me muriera. Pensar así, no era para menos.

Como quien dice, se armó de valor poniendo en riesgo su propia vida para realizar un aborto de los que hoy se le conoce como por intervención. Sin embargo, detrás de todo existió un problema y una causa de temor terapéutico. Lo mejor es que aquí estoy sano y salvo. Su pretensión  cautelar no se cumplió. Desde ese hecho mi conducta rebelde se manifestó incorregiblemente.

Pero de igual manera, si lo hubiera podido hacer, la hubiera perdonado, por ser una decisión de “coautoría Cósmica”. Sin embargo, me recompensó con su gran amor infinito e incomparable.

Por ello, nada mejor que haberme escogido el nombre de Víctor Manuel. El primer nombre en física proviene y se asocia con “vector”, que es una “fuerza” en determinado sentido. En otras palabras, es y se ilustra con una imagen de flecha, la cual va abriendo camino. Camino que abrí para poder engendrarme y luego poder nacer.

Pero también significa “victorioso” y “victoria”. Ambos contiene dentro de dichas  palabras el nombre de “Víctor”, es decir, encierra la idea de triunfador. Un triunfador.

Sobre todo realizando el gran trabajo de un feto persistente, obstinado en querer y poder nacer; amén de todo los grandes riesgos que pasó el espermatozoide para completar el triunfo fecundativo al óvulo y, que es proceso de todo mundo fecundado.

Ahora bien, el segundo nombre “Manuel”, significa “Dios está con nosotros”. Y, si de Él fue su voluntad de que naciera ¿qué mejor que dicho nombre fuera la confirmación?  Su voluntad se impuso y, mi rebeldía acompañó al bautizo.

Además, este segundo nombre lo llevó mi abuelo materno, al cual no conocí, así mismo un tío, el cual como ya dije, fue hermano de “Las Tres Marías”.

Con dicho retrato de familia e, historia nominal, nos damos cuenta de que los nombres poseen una designación  desde el inconsciente por el cual fue escogido a partir de un hecho especial; sin hacer menos el poder mágico del Uno-Dios-Cosmos, el cual es el último de las causas.  Sabemos que nada es casualidad, sino que todo posee una causa conocida o no.

¿Y tú ya conoces la psicohistoria nominativa de tu familia? ¡Investígala te dará conocimientos profundos sobre ella y podrás así exaltarlos (como una forma de bendecirlos), como tributo a tu clan!


* Víctor M. Estupiñán Munguía: Artesano de la palabra, escultor de ideas, danzante de emociones, arquitecto de sentimientos, pensador por distracción Cósmica, contador de estrellas por insomnio creativo, pintor de sueños por terapia humanista, especialista en transgredir las reglas ortográficas de la Real Academia Española, con neurosis cultural debido a que no puedo crear poemas que lleguen al corazón, chingólogo y sonorólogo, víctima de la libertad, democracia y ecocidio del capitalismo bárbaro, pero con licencia de la Madre Naturaleza para cortar flores y olerlas.-  Miembro de S.I.P.E.A. (Sociedad Internacional de Poetas, Escritores y Artistas)- Sonora “Por la paz del mundo”    victor-79@live.com.mx       

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