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lunes, 8 de mayo de 2017

TERCERA CARTA A DESTIEMPO PARA UN AMOR FURTIVO

Escena de Los Puentes de Madison

En realidad no sé que sentí, cuando te tuve enfrente mio, hubo un temblor en mis entrañas, te he deseado durante tantos años, amándote en silencio, no esperé más, me urgía besarte todo, recuperar el tiempo perdido, tú el hombre, tú el amor, tú mi todo.
Sentirte junto a mi, fue como volver a la infancia un poco el amor-ilusión , otro tanto la adolescencia-sueños, y mi edad adulta, donde ya no hubo más que decir, empecé a besar tus pies, los dedos de tus pies, tus manos, tus pezones,  y luego entre las dos columnas de tu cuerpo, mi boca besó tu virilidad, pero no era tan solo el placer de hacerlo, sino de ver tu rostro disfrutar del momento, por instantes dejaba esa parte tan íntima y adorable para besar donde se me ocurriera hacerlo, tu pelo, tus orejas, no hubo preámbulo, ambos sabíamos  que iba a suceder, yo, nerviosa dejaba de besarte para hablar de mil cosas y nos reímos, tu no te diste cuenta, pero mientras te besaba con pasión, también me brotaron lágrimas, amarte fue como poner en el  altar de mis afectos algo por lo que he vivido...¡tu!
Tú me ayudaste a no morir de tristeza,te amé por años,  no sabías de mis sentimientos, más poco me importó que no lo supieras, en ese momento te tenía, y fue tanta mi emoción que no supe que más hacer con tu cuerpo desnudo, te besé por horas, con la avidéz de un alma sedienta, querías intimidad ya, pero yo quería que,justo el momento cuando la noche cayera, tú cuerpo penetrara en el mio,   quise de esta forma, cubrirte con la magia de la luna de mayo, la que hace soltar el pasado, la que inicia un nuevo presente.
La magia, tu magia de hombre de verdad, flotaba en la habitación de la cabaña,  sobre tu virilidad, desechando los recuerdos y sensaciones, en ti  de otras mujeres y en mi  de otros hombres, solo fuimos tú y yo, enfrentando un momento, donde percibí tus tristezas y soledades, y te dije: aunque jamás me volvieras a buscar , este momento  ha sido sublime, no sé que pienses amor, pero me gusta estar a tu sombra, deseo ese amor furtivo, de mejores horas, de confidencias y complicidades amorosas.
Callada, me gusta escucharte, te has vuelto mi guía, absorta contemplo tu rostro, duermo sobre tus párpados y estoy en tus pupilas, navegando en el mar convulso de mis versos náufragos.
Camino a casa  pensé en tu saliva en mi sexo, una sonrisa se plasmó  en mi boca, mis ojos brillaban, y un olor a ti, se había impregnado en lo más profundo de mi ser.
Cuando duermo  ya no te sueño, porque mi  sueño se volvió una realidad, al final en un ritual de profunda magia amorosa, hincada frente a ti, amor furtivo, te besé las palmas de las manos y te ofrecí mi amor, solo falta que lo tomes; que te dejes amar, el tiempo corre más aprisa de lo que pensamos, tu cumpliste un sueño mio, te ofreciste a mi, mucho más de lo que pudiera hacer un hombre hedonista, estabas recibiendo  de mi cuerpo lo mejor de mi vida y recibí del tuyo, tu esencia, gracias amor, por tan hermosos instantes, que quedan grabados en la historia de mis horas...
Al despedirnos, quedé en la cabaña un buen rato, el humo de tus cigarrillos lejos de diseminarse, envolvió mi cuerpo, mientras tanto Eros y Psique,  dejaban igualmente su aroma entre las sábanas del lecho, donde el amor y la lujuria, se encontraron para dejar grabado en mi espalda, que la vida pasa pronto.

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