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domingo, 1 de enero de 2017

MONSEÑOR JORGE LOZANO, ARGENTINA

Queridos amigos ¡Feliz año!
Comenzamos este 2017 con un profundo deseo: la paz en el mundo. Por eso, en un día como hoy, solo quiero desearles mucha paz en sus corazones, en sus familias, en sus ambientes.

En el comienzo del Año Nuevo los Papas, desde el Beato Pablo VI, nos invitan a rezar por la Paz en todas las comunidades. Esta es la Jornada de Oración por la Paz número 50, y tiene como lema: “La no violencia: estilo de una política para la paz”.
Te comparto algunos párrafos del Mensaje de Francisco para esta oportunidad:
El Papa quiere proponernos un estilo de hacer política para buscar la paz. Tiene que ver con las opciones y valores personales, y con las actitudes de las naciones. “Que la caridad y la no violencia guíen el modo de tratarnos en las relaciones interpersonales, sociales e internacionales. Cuando las víctimas de la violencia vencen la tentación de la venganza, se convierten en los protagonistas más creíbles en los procesos no violentos de construcción de la paz”.
El Pontífice nos ayuda a hacer memoria de las devastadoras guerras mundiales del siglo pasado, y nos insiste en que “hoy lamentablemente estamos ante una terrible guerra mundial por partes. “…En cualquier caso, esta violencia que se comete «por partes», en modos y niveles diversos, provoca un enorme sufrimiento que conocemos bien: guerras en diferentes países y continentes; terrorismo, criminalidad y ataques armados impredecibles; abusos contra los emigrantes y las víctimas de la trata; devastación del medio ambiente. ¿Con qué fin?”
Muchas veces se confunde con la no violencia negar el compromiso por la justicia. No es claudicar ideales ni desinterés. La indiferencia no es no violencia. Y Francisco evoca a grandes personas que alcanzaron logros enormes desde la lucha en paz: Mahatma Gandhi y Khan Abdul Ghaffar Khan en la India, Martin Luther King en Estado Unidos, Leymah Gbowee en Liberia, la Madre Teresa de Calcuta. “Este compromiso en favor de las víctimas de la injusticia y de la violencia no es un patrimonio exclusivo de la Iglesia Católica, sino que es propio de muchas tradiciones religiosas, para las que «la compasión y la no violencia son esenciales e indican el camino de la vida». Lo reafirmo con fuerza: «Ninguna religión es terrorista». La violencia es una profanación del nombre de Dios.” Esto lo afirma con claridad ante varias miradas que en el mundo identifican los atentados terroristas con la religión.
La primera “escuela para la paz” es la familia. Los valores más importantes los comenzamos a mamar junto a la leche materna cuando somos cuidados con ternura. “La familia es el espacio indispensable en el que los cónyuges, padres e hijos, hermanos y hermanas aprenden a comunicarse y a cuidarse unos a otros de modo desinteresado, y donde los desacuerdos o incluso los conflictos deben ser superados no con la fuerza, sino con el diálogo, el respeto, la búsqueda del bien del otro, la misericordia y el perdón. Desde el seno de la familia, la alegría se propaga al mundo y se irradia a toda la sociedad. Por otra parte, una ética de fraternidad y de coexistencia pacífica entre las personas y entre los pueblos no puede basarse sobre la lógica del miedo, de la violencia y de la cerrazón, sino sobre la responsabilidad, el respeto y el diálogo sincero. En este sentido, hago un llamamiento a favor del desarme, como también de la prohibición y abolición de las armas nucleares: la disuasión nuclear y la amenaza cierta de la destrucción recíproca, no pueden servir de base a este tipo de ética. Con la misma urgencia suplico que se detenga la violencia doméstica y los abusos a mujeres y niños.”
Un mundo en paz es posible. Hay que comprometerse para construirlo. Sumemos nuestra oración fervorosa por la paz en todo el mundo. Y pongamos manos a la obra.
El pasado 30 de diciembre, en la Catedral de Buenos Aires, compartimos la misa con familiares y amigos de víctimas del incendio de Cromañón. Ya pasaron 12 años de aquel día en el que casi 200 jóvenes perdieron su vida de forma tan trágica como inesperada. Rezamos para que siempre, estemos donde estemos, cuidemos la vida. Todas las vidas
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