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lunes, 5 de septiembre de 2016

AGENCIA PACO URONDO PUBLICA:

Una tarde con Milagro Sala: “Soy un botín de guerra de Gerardo Morales”


AGENCIA PACO URONDO visitó a la líder de la Tupac Amaru en la cárcel de mujeres de Alto Comedero, en Jujuy. "Hay que seguir militando y resistiendo, no queda otra".
Por Enrique de la Calle
Hace 8 meses, la dirigente de la Tupac Amaru, Milagro Sala, se encuentra detenida en la cárcel de mujeres del barrio jujeño Alto Comedero. En ese barrio, vaya casualidad, se ubica la principal obra de esa organización territorial: tres mil viviendas, una escuela de nivel inicial, secundario y terciario, un centro de salud, uno de rehabilitación para personas con capacidades diferentes, un parque acuático, una fábrica textil, una bloquera y una metalúrgica.
“Si quieren buscar la plata que dicen que nos robamos, que la vayan a buscar en todas las cosas que hicimos todos estos años, ahí está la plata”, dice Sala, sentada en el patio del penal. La escuchan dirigentes sindicales, amigos, familiares y AGENCIA PACO URONDO. La charla transcurre durante una de las tres visitas semanales que la militante tiene permitidas. “Esto no es judicial, esto es político, lo sé yo y todo el mundo acá en Jujuy. Soy un botín de guerra de Gerardo Morales, el gobernador de la provincia”.
Para llegar hasta el patio donde aguarda Milagro, los visitantes tienen que pasar por una requisa, que es más exigente para las mujeres que para los varones. A ellas prácticamente las desnudan ante la mirada inquisidora de las celadoras. “Te hacen bajar la bombacha y levantar el corpiño. Las primeras veces era muy chocante, después te acostumbrás”, aclara una de las muchachas que habitualmente visita a la líder de la Tupac.
La charla, que dura más de dos horas, atraviesa temas y estados de ánimo. A veces, Sala se quiebra. “Es muy duro lo que nos están haciendo. Les dije al fiscal y al juez: denme un arma, yo me pego un tiro y esto se termina, si total ustedes me quieren sacar a mi del medio. Pero dejen en libertad a mis compañeros”. Además de Milagro, están detenidos 10 dirigentes de la Tupac, entre ellos, Raúl Noro, pareja de Sala. “Es la primera vez en más de 20 años que estamos separados. Nos meten presos porque les molesta que hayamos juntado a los negros y que hayan podido tener algo de dignidad. Mientras no resuelvan los problemas de la gente, va a seguir existiendo la Tupac”.
Presa política
Desde que asumió el radical Morales en la gobernación (junto al presidente del Partido Justicialista, Carlos Haquim), el Ejecutivo llevó adelante una exitosa política de demolición contra la Tupac, que hoy se encuentra diezmada. Además de la detención de sus principales militantes, la ofensiva incluyó el recorte de financiamiento de las cooperativas de viviendas y de los principales servicios que ofrecía la organización hasta diciembre del año pasado.
La agrupación denuncia además una verdadera política de persecución y hostigamiento. “Lo que pasa acá no se vio nunca, la policía entra a los barrios y golpea a nuestros pibes. Nos allanaron y rompieron nuestras viviendas. A muchos compañeros los persiguen, le sacan fotos en las calles. Todo el mundo tiene miedo de decir que es de la Tupac. Es un estado policial”, describe Sala. “Mucha de nuestra gente viene de la marginalidad, sabe lo que es la cárcel, por eso le da terror cuando los amenazan con meterlos en prisión”, agrega.
Las irregularidades se suceden en el caso de Sala. No le respetaron sus fueros como diputada del Parlasur ni le conceden la libertad mientras se llegue a la instancia de juicio oral, como sí ocurre con otros imputados. El argumento de que puede obstruir a la investigación ya no se sostiene, porque la Justicia tuvo mucho tiempo para recabar pruebas en estos meses. Además, muchas de las nuevas causas se basan en testimonios muy difusos. Las irregularidades hicieron que la Procuraduría contra la Violencia Institucional se expidiera a favor de Milagro.
En ese contexto, la dirigente se negó al ofrecimiento de la prisión domiciliaria, que entiende como una extorsión. “Cuando salga de acá quiero volver a militar, no me quiero ir a mi casa. Ellos quieren que sea una arrepentida, yo no soy Fariña, ya se los dije. Si aceptara la domiciliaria estaría traicionando a mis compañeros y a todos los que están luchando por mi libertad”.
Sigue Milagro: “Todas las causas se basan en dichos de dichos. Hay gente que se vendió, que la quebraron para mentir sobre nosotros. Algunos de los que nos acusan sí robaron plata y todos los conocen acá en la provincia. Pero ellos están libres”.
Durante la charla, se suma Pachila Cabana, otra militante de la Tupac que comparte pabellón con Sala. Es madre soltera y tiene 8 hijos, que ahora la acompañan en el patio de la cárcel. Los chicos sobreviven gracias a la ayuda de sus vecinos. “A veces es difícil soportar todo lo que nos están haciendo. Muchas veces con la ‘flaquita’ nos tenemos que dar ánimo, porque a veces se hace muy duro”. Antes de despedirse, ruega: “No se olviden de nosotras, no nos dejen solas”.
Resistir
Los días en la cárcel, cuenta Sala, se hacen duros, largos. La convivencia con los agentes del servicio penitenciario no es sencilla. “Pasa que yo soy muy rebelde, a veces me tendría que callar, pero no me sale, no me aguanto”, aclara. Al encierro lo combate escribiendo. “Sobre todo lo hago a la noche: en mi celda hay una pequeña ventana donde entra luz. Voy a escribir un libro contando los días desde que me detuvieron”.
Durante la charla, Milagro se entusiasma cuando habla de política, su pasión. Describe el panorama provincial: “Acá manda Morales. El PJ cerró detrás de él. El resto del peronismo, que está nucleado alrededor del Frente para la Victoria, está desmembrado, no tiene capacidad de reacción”.
Sin embargo, hay lugar para la esperanza. “La dirigencia no está a la altura, pero sí las bases. Por eso hay marchas todos los días y en todos lados. La gente se da cuenta de lo que está pasando, de lo que son estas políticas”, argumenta. Le cuentan del triunfo del kirchnerismo en la Federación Universitaria de La Plata. Y de que la victoria se logró con un armado que se llamó “Frente Patriótico Milagro Sala”. “Sí, me enteré, es muy impresionante. De a poco las cosas van cambiando”, se entusiasma. Antes de despedirse, insiste a sus visitantes: “Hay que seguir militando y resistiendo, no queda otra”.

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